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El poblado ibérico del "Cabezo de Alcalá"

Iberos en el Bajo Aragón

Ubicado en un pequeño pero estratégico cerro que domina las estepas de la cuenca del Aguasvivas, constituye un referente de primer orden en la arqueología íbera española. El conjunto parte del Bronce Final (siglo IX a. C.) y, pasando por la época íbera, llega hasta la romanización (siglo I a. C), momento en el que se destruye la ciudad. Gracias a las excavaciones realizadas desde el siglo XIX (primero por Pablo Gil, a comienzos del siglo XX por Juan Cabré, y posteriormente por Antonio y Miguel Beltrán), se constatan las distintas fases de ocupación. Los inicios del asentamiento quedan ocultos bajo la ciudad sedetana de comienzos del siglo I a. J.C, cuyo recorrido ayuda a conocer la historia de la romanización en Hispania. Entre los importantes restos cerámicos hallados en el yacimiento, cabe destacar las vasijas ibéricas decoradas con pintura roja, cuyos variados motivos las sitúan entre las más bellas del mundo ibérico.
 

Este imponente legado del pasado está acondicionado para su visita turística y se sitúa 1 km de la población de Azaila. Se recomienda visitar previamente el centro de interpretación situado en et pueblo. La ciudad se organiza en torno a una calle central larga que la recorre de norte a sur. A ambos lados se distribuyen los diferentes tipos de edificaciones, tanto públicas como de carácter privado. A su vez, la calle central es atravesada por una variedad de calles laterales que unen y articulan la ciudad. Un sistema de murallas, a modo de anillos a distintas alturas, rodea la acrópolis, en la que se distingue una parte alta y una baja (siendo poco claros los límites territoriales de ésta), atribuyendo a la parte baja construcciones públicas como las termas, el aljibe y el barrio comercial, así como algunas casas. La ladera este, más vulnerable a los ataques, se protegió por medio de un foso. El acceso a la ciudad se realiza cruzando ese foso, junto a los vestigios de la muralla, a través de un puente que sustituye al posible antiguo puente levadizo.

La ciudad conserva pavimentos y muros.Al situarse en la calle principal, llama la atención la pavimentación, compuesta por losas de piedra en las que aún se aprecian los surcos de las huellas de carros que en su día transitaron por allí. Al subir por la rampa, se encuentra una construcción de tipo público, el templo. Es un pequeño templo de los denominados in antis, que sigue los modelos romanos y se ha datado en el segundo cuarto del siglo I a. C. En aquellas fechas todos los ámbitos de la vida diaria compartían usos y costumbres con la tradición romana, aunque todavía con singularidades locales. En este templo, además de las pinturas murales que se hallaron, se distingue la intención de imitar en sus muros sillares de piedra almohadillados. Hay también un pedestal sobre el que se colocaban estatuas de bronce a las que se daba culto (una figura femenina, una masculina y un caballo).

 

Al lado del templo y a lo largo de la calle principa!, se asienta un conjunto de casas, diferenciando dos tipos de construcciones: las sencillas, que posiblemente estaban constituidas por dos pisos, careciendo de patio y con una planta rectangular; y las casas más grandes, cuyas estancias, que solían ser abiertas, rodeaban a un patio central, según el modelo itálico (en algunas se hallaron restos de pinturas murales decorativas).

Avanzando hacia el norte, en una de las calles que cortan la principal, hay una estancia con un molino de cereal. Más adelante se llega a la plaza donde se alzan los restos de dos torres defensivas, desde donde se dominaban más de 30 km a la redonda, visibilizando poblaciones como La Romana, en el término de La Puebla de Híjar, y La Bovina, junto a la población de Vinaceite.Túmulo

En el extremo norte, unas escaleras conducen hasta la zona baja de la acrópolis, donde se localizan los espacios comerciales y las termas, en torno a los que giraba la vida social. Las termas presentan el esquema habitual de vestuario y habitaciones frías, templadas y calientes (frigtdarium, tepidaríum y caldarium), más palestra exterior; las estancias se calentaban mediante el sistema de hypocaustum (aire caliente que circulaba bajo el suelo y se elevaba a través de paredes huecas).

El recorrido termina en la zona sur de la ciudad, donde se ven un túmulo ibérico y restos de la rampa de ataque levantada para el asalto que supuso el fin de la ciudad, durante las guerras sertorianas (75-72 a. C). Más al sur está la necrópolis de la Primera Edad del Hierro, con túmulos de cista aparente y enterramientos en vasija.

 

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