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La vía del Val de Zafán

La ruta recorre la antigua línea ferroviaria, hoy desmantelada. El primer kilómetro transcurre paralelo a la actual vía, por lo que hay que andar con cuidado o intentar evitarla hasta llegar a la zona donde se separan ambas vías. La de Val de Zafán es todavía perceptible en su mayor parte. El itinerario debe realizarse necesariamente a pie en su primer trecho, de La Puebla de Híjar a Samper, aunque puede utilizarse la bicicleta en el segundo tramo. La vía supone una aventura en la cual el medio natural y el patrimonio cultural e industrial se unen en travesías relajadas, en lugares de encuentro sencillos, en caminos de vagas memorias.

La vieja locomotora nos recibe en la estación de La Puebla.Distancia: 21 kilómetros
Duración: 5 horas aproximadamente (calcular un tiempo similar para la vuelta o contar con coche de apoyo)
Dificultad: se ha de tener cuidado en zonas específicas, como puentes o pequeñas cavidades del camino. Se recomienda el uso de linterna en el tramo de túnel entre La Puebla de Híjar y Samper de Calanda

El día 23 de octubre de 1882, el rey Alfonso XII colocaba la primera piedra de la vía de Val de Zafán, dirección Tortosa. Tras muchos avatares políticos, la línea pudo abrirse y, así, hacer de La Puebla de Híjar uno de los pueblos más prósperos, industrialmente hablando, del Bajo Aragón de finales de siglo. Fue cerrada en septiembre de 1973, quedando hoy en día como viajero decadente.

El barrio de la Estación se muestra como un producto de ese recuerdo que quiere ser vía hacia Levante. La Puebla de Híjar es estación, es camino, es fonda. Tomando la calle que hay frente a la estación, en dirección a Jatiel, pronto se llega al arranque de la vía de Val de Zafán, que transcurre unos centenares de metros paralela a la actual. Se puede localizar, algo más adelante, el lugar donde se separan, evitando el peligro de caminar a escasos metros de la vía en uso. Las interesantes muestras de patrimonio industrial, encabezadas por la estación, la azucarera, el silo y el pequeño monumento a los ferroviarios se quedan atrás, como mudos guardianes.

Se continúa unos kilómetros, atravesando la huerta de La Puebla de Híjar, regada por la acequia de Val de Zafán, para dirigirse a la hilera de cabezos pelados que preceden al valle del Martín. Los "esparberos" vigilan la marcha, como cometas absortas puestas al cierzo. Cuando se alcanzan los cabezos, aparece el espléndido puente de la Tonca, que se deja atrás para adentrarse en el túnel abandonado, no recomendado a claustrofóbicos.

El puente de La Torica.El túnel da paso a la fértil huerta del Martín, trabajada durante siglos por las hábiles manos de labradores, hoy apagadas por la modernidad y el abandono. El Martín se cruza por el Puente Negro, otra espectacular obra de ingeniería que contempla los meandros del río y el surcar del agua sobre el antiguo azud. Pocos metros más adelante se encuentra la estación de la Huerta, que mantiene su singular visión decadente. Un antiguo depósito de agua para la locomotora alimenta la imaginación viajera, como si se pudiera oír la Torica, con su chirriar pausado. Algunos metros más allá, se abandona la vía para cruzar la carretera y se retoma de nuevo junto a una torre labriega.

Samper de Calanda queda siempre a la derecha, con el imponente barroco de su parroquial de San Salvador, como sombra que cobija. A partir de allí la antigua vía mejora su aspecto, convirtiéndose en camino, en ligera pendiente, para alcanzar el cruce con la vía Escatrón-Andorra, que lleva el carbón hasta la térmica.

El paisaje se abre, continuando a través del monte de Samper, dirección Alcañíz. Los kilómetros pasan en duro secano, quedando en el horizonte las frescas huertas de Puig Moreno, abrigadas por el Cabezo Negro. La fauna de caza menor, algunos pasos, pequeñas construcciones ferroviarias y amplios parajes jalonan las intermínables rectas donde el paso o la pedalada se hacen firmes. La estepa bajoaragonesa forma estampas de contrastes ocres. Y así, se llega al antiguo apeadero de Puig Moreno, junto a| cual se adivina el desmantelado aeródromo, utilizado hasta la época de posguerra. Aún resta un largo trecho recto hasta Puig Moreno --población de colonización y pedanía de Alcañíz-- en donde, al frescor de sus frutales y riegos, se remata la jornada, con la vía al frente, diluyéndose camino de la capital del Bajo Aragón.

La Torica
Así se denominaba a la vieja locomotora que recorría la vía de Val de Zafán desde su aranque en La Puebla de Híjar. El puente del mismo nombre aparece como un antiguo resto de esplendor romano. En la entrada espectral previa al túnel, puente, acueducto y paso. Ingeniería sutil, pero a la vez oportuna, funcional que emerge como recuerdo de la lógica, la belleza, el arte, la poesía y el progreso bien entendido.


 

Comarca del Bajo Martín
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